La parábola de los talentos se centra en el súbdito del rey que por miedo a perder lo que el monarca le había entregado a su custodia, decidió enterrarlo y asegurar tenerlo integro a su regreso. El rey no dudo en castigarlo por no haber aprovechado sus talentos haciéndolos crecer.
“Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.
Cuantas veces oímos hablar de talento desperdiciado: “Este pelado era muy bueno para tal cosa”. O al revés: “De donde salió este ahora muy exitoso”. Hay quienes sí se están desarrollando.
