Algo hay en la naturaleza que nos mueve a procrear. Es impresionante como encontramos tantos métodos para que cada especie cumpla el mandato divino de: creced y multiplicaos.
Las abejas, los nogales, los girasoles, las hormigas, los caracoles, increíble. En nuestro caso, la sociedad en que vivimos nos señala el camino para formar una familia. No es necesario, ni tampoco seguridad de éxito. Es, digamos, el camino más pavimentado.
Siempre somos dependientes. En nuestros primeros años de vida, desde la gestación, hasta la madurez, somos más dependientes. Los mejores proveedores, en esas etapas, son los padres.
