Los que me han leído, saben que estoy enamorado de los pueblos norestenses, es un amor muy bien correspondido.
Hace un par de semanas nos lanzamos la Chavela y yo, a Cuatrociénegas Coahuila. Una muy fregona experiencia. Cuando sales a visitar uno de nuestros pueblos hasta el reloj lo sabe y se relaja.

Caminó a Monclova me dije: «de regreso intentamos llegar al monumento de Hidalgo en Acatitan de Bajan». Pasando Monclova, un elote en San Buena, una mermelada de higo en Nadadores, un cono de leche en Sacramento.
Llegamos ya tarde a Cuatrociénegas. Caminata al atardecer por la plaza y ya con eso estás vacunado contra todas las preocupaciones citadinas. Cena en «El 40», que, con sus 100 años, ya le queda poco de cantina de pueblo, pero mantiene ese folclor que le da esta tierra que vio a don Venustiano nacer.

Da mucha satisfacción que el pueblo sabe que tiene que mantener un equilibrio para segur siendo lo que es: Guías entrenados, conocedores y responsables; hoteles, fonditas, dulcerías, panaderías y tendajos amablemente atendidos; Vinícolas, museos y agricultores comprometidos; y todos con limpieza y esa sencillez que nos da el ser pueblerinos norestenses. Sí señor.
El cielo de día y de noche es un regalo de Dios. Nos tocó en suerte conocer al Biologo Arturo Contreras que estaba haciendo un estudio en la poza azul. Que manera de conocer los orígenes de lo que hoy es El Valle de Cuatrociénegas. Estamos organizando una platica de «Una Hora con el Autor» para el 5 de octubre. Apúntense porque va a estar buenísima.

No quiero hacer muy largo este articulo, mejor vayan a Cuatrociénegas y me platican. Muchas gracias a Jaime y Rocío que nos recibieron como los grandes amigos que sabe ser.

Prietito en el arroz: Que denigrante está el área de la salida de Monterrey hacia Monclova y Colombia a las afueras de Escobedo: el pavimento, los puentes, las banquetas. ¿No les da vergüenza a las autoridades? A mi sí.
