Soy un escritor regiomontano con gusto por la historia regional, orgullosamente #SoyNorestense

Vestigios de minería

Para la reunión que tuvimos con el Colegio de Cronistas e Historiadores de Nuevo León “Israel Cavazos Garza”. Preparé el siguiente material escrito, apoyado con algunas graficas.

Antes de la llegada de los españoles ya se trabajaban los metales

En la época prehispánica el territorio mexicano estaba interconectado por una extensa red de caminos. Rutas que aprovecharon los españoles y dieron origen a los sistemas carreteros de la Colonia. Gracias a ello la expansión española fue muy rápida. En los primeros cien años de la Nueva España quedaron establecidas las rutas de comunicación que existen en nuestros días.

Probablemente en los actuales territorios del Perú y Colombia se originó el arte de trabajar los metales. A México se introdujo hacía el año 1100 dC. Los procesos eran rudimentarios; Martillaban el metal en frío, lo calentaban con carbón vegetal, para martillarlo nuevamente en frío, repetían el proceso hasta llegar a la forma deseada; fundían el oro y la plata en pequeños hornos cilíndricos de barro o de piedra, vaciaban el metal fundido en moldes de arcilla, piedra o arena (lo que ahora llamamos de la cera perdida); hacían chapas, soldaban piezas; revestían objetos; creaban artículos decorativos; fabricaban herramientas: hachas, azadones, cinceles, punzones, anzuelos, pinzas, redecillas, agujas, puntas de lanza, bastones. Los metales eran valiosos porque su uso era valioso.

Trabajaban con oro, plata, cobre, plomo, estaño, mercurio. El oro, la plata y el estaño los mesclaban con el cobre para obtener un punto de fusión más bajo. El oro era recogido en forma de pepita en los ríos del sur de lo que ahora es Veracruz, Tabasco, Guerrero y Oaxaca; la plata la extraían de las minas de Taxco y Zampango; el cobre de minas de Guerrero y Oaxaca; el estaño de Taxco; el mercurio de Chilpa, y el plomo de Ixmiquilpan.

En los inicios los españoles buscaban oro y plata

La codicia del conquistador se despertó por los adornos que portaban los indígenas y por el tesoro del emperador Moctezuma, pero dicho tesoro fue acumulado por largo tiempo, almenos tres generaciones atrás. Durante la Conquista, Hernan Cortés obtiene de emperador Moctezuma el lugar donde se encontraban los yacimientos de los metales preciosos. Mandó hombres a cuatro provincias acompañados de indios guías. Le notificaron de importantes yacimientos de oros en lo que ahora es Guarrero, Oaxaca (Pizarro en Tuxtepec) y Coatzacoalcos.

Después de la Conquista se extrajo considerable cantidad de oro de los placeres de la Nueva España, pero duro muy poco, ya para 1531 las cantidades apenas compensaban los gastos de llevar a fundir el metal a la capital. En 1543 se extraía oro de Autlán, Jalisco y de Chiautla, Puebla. Una de las primeras minas de plata fueron las del Espíritu Santo. Empezó a ser explotada desde 1525. Más adelante se le denominó Compostela (Nayarit). Las minas de plata en los alrededores de la ciudad de México se multiplicaron. Para 1543 ya estaban trabajando minas en lo que ahora es Culiacán, Sinaloa.

Empiezan a incursionar más al norte

En 1548 salió una expedición de Nueva Galicia hacia el cerro de la Bufa, con ellos iba Diego de Ibarra. Después de reprimir una rebelión indígena, encuentran una beta en una cañada junto al cerro, así nació Zacatecas. Se encontraron tres betas más, al principio fueron poco explotadas por las rebeliones de los indios.Ya para 1550 había buena producción de plata en Taxco, Zacatecas, Real del Monte (cerca de Pachuca poblado por Otomíes), y Pachuca.

Bajo Felipe II, rey de España de 1556 a 1598, se abrieron los caminos al norte de la Nueva España marcando el Camino de la Plata, sustituyendo la ruta México, Valladolid, Guadalajara, Zacatecas, comunicó al Real de Minas de Nuestra Señora de los Zacatecos con la ciudad de México. Lo usaban las recuas de mulas con la plata extraída de Zacatecas, Nueva Vizcaya (Chihuahua y Durango) y el Nuevo Reino de León, para su refinamiento, pago de impuestos y quinto real. Las caravanas iban acompañadas por soldados para protegerse de las tribus nómadas del norte. Pasaron primero los indios tamemes quienes cargaban en sus espaldas hasta 45 kg de productos comerciales. Los sustituyeron recuas de mulas que cargaban 150 kg cada una. Más tarde usaron las carretas de dos ruedas tiradas por seis mulas ganchadas de dos en dos, que cargaban hasta 1,800 kg. Comenzaba en el actual barrio de San Ángel, en la ciudad de México, pasaba por Querétaro y de ahí se dividía en dos, para evitar pasar por territorio Otomí rebelde, por Guanajuato y Aguascalientes o por San Luis Potosí. Ahora son las actuales carreteras federales: 43, 44, 45 y 49. Fue trazada por Beato Sebastián de Aparicio en 1542, quien trazó, años antes, la ruta México-Acapulco y la Veracruz-Orizaba-Puebla-México.

Las autoridades fundaron presidios y misiones para proteger a los viajeros, los envíos de plata a las Cajas Reales y los asentamientos en las minas. Fueron poco exitosos en el norte, debido a los constantes ataques de los indios barbaros que eran cazadores, recolectores, nómadas, dominaban el arco, el territorio y la naturaleza.

El tránsito de la ciudad de México a Zacatecas, por el Camino de la Plata, hizo que en 1548 comenzaran a explotar las minas de Guanajuato. Francisco de Ibarra, sobrino de Diego, en 1547, descubrió minas en el actual Chihuahua. Francisco Urdiñola localizó, en 1553, las minas de Mazapil, Zacatecas, y Diego de Ibarra las de Indé, al norte del actual ciudad de Durango.En los territorios de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, a finales del siglo XVI, se trabajaban 33 reales de minas.En 1592 ya se explotaba el cobre en Mapimi, Durango.

Alberto del Canto, llega desde la Nueva Vizcaya (Nombre de Dios, Mazapil) a trabajar las minas de San Gregorio (Cerralvo), queda como alcalde de Saltillo en 1577. Por sus problemas con la ley lo sustituye Diego de Montemayor. Luis Carvajal con su capitulación desde España, entra por Tampico para fundar la ciudad de León, para explotar las minas de San Gregorio. Ya para 1588 estaba repoblando las minas de Almaden (Monclova), antes de ser apresado, encarcelado y morir en la capital. Diego de Montemayor funda nuevamente en los ojos de agua de Santa Lucia y de ahí se intenta repoblar y trabajar las minas del Nuevo Reino, seguían con la exploración, pero las minas eran muy poco productivas. En el repartimiento de tierras con la fundación de la ciudad metropolitana de Monterrey, a Bernabe de las Casas le toca la parte desde donde hoy es Escobedo hasta los límites con Monclova, el Valle de las Salinas, muy activo en la exploración minera, gracias a su yerno Diego de Villarreal.

El conquistador y sus descendientes obtuvieron mercedes de encomienda. Indios obligados a servir a cambio de cristianizarlos. La Corona pensaba lograr: darle herramientas al encomendero para que sea productivo y convertir las almas para Dios. Ambas prácticas se convirtieron en abuso e injusticia. Principalmente en los centro mineros por ser el trabajo más duro y peligroso.

En el Nuevo Reino de León predominó la explotación mediana y pequeña. Al norte los descubrimientos tenían que ir acompañados de presidios, evangelizadores y familias pobladoras. Los encomenderos no eran pacientes, si la mina no daba en seis meses, la cerraban. Era costoso mantener un asentamiento.

Demandaba mucha mano de obra

La producción minera se divide en: Indagación con los lugareños; Exploración y saca de muestras; Asentamiento y evangelización; Explotación; Producción y beneficio; Circulación y grabación; Amonedación; Exportación.

En las minas combinaban el trabajo “voluntario” de los indios sedentarios, el trabajo forzado de esclavos negros e indios nómadas y el trabajo de supervisión de jóvenes españoles que no llegaron con hidalguía. Se requería la convivencia de mano de obra calificada y mano de obra explotable.

La falta de mano de obra hiso que en 1632 se dictara la exclusividad del repartimiento de indios para obras públicas y mineras. Para fines del siglo XVII la proporción de indios obligados al repartimiento era del 4%, en un radio de diez leguas, incrementaron la obligación a “ociosos y vagabundos” de cualquier casta a excepción de españoles y mestizos de españoles.

El trabajo de la mina se hacía por:

Barretero: quien trabajaba dentro de la mina tumbando el mineral.

Peones: quienes recogían el mineral y lo llevaban a las carretas.

Barrenadores: quienes rompían con pólvora o lumbre las paredes de la mina.

Ademadores: quienes construirán los pilares de las bóvedas, puertas, techos y rieles.

Arreadores: encargados de las bestias.

Administrador: quien protegía los intereses del dueño

Capataz: encargado de que la gente trabajara

Perito: para darle valor al mineral

Para el trabajo se requería aceite y cebo para las lámparas, bolsas de cuero para acarrear el mineral, mecate para los amarres, y herramientas (zapapico, barra, cuña, mazo). Los trabajadores mineros fueron los más expuestos a la invalides o muerte. En todas las minas ocurrían derrumbes, incendios o inundaciones, donde se perdían cuadrillas completas. Además de las constantes caídas que provocaban fracturas, existían males que no atacaban inmediatamente a la salud, sus efectos se desarrollaban poco a poco. Los largos túneles mantenían a los indios respirando aire contaminado por largos períodos. Además la absorción de los vapores del mercurio los envenenaba lentamente.

A los trabajadores de las minas con vasta experiencia, se les llamaba “maduros”. Padecían anemia y el color de su piel se hacía color cera, muy pálidos. La anemia es un signo de la baja concentración de hemoglobina en la sangre, provocando que los tejidos y órganos no reciban suficiente oxígeno, reduciendo, entre otras cosas, la tolerancia al esfuerzo. Se les iba provocando temblores, pérdida de peso, caída de dientes, y constantes dolores de cabeza.

Apoyo real

Los gobiernes, desde el rey, virrey, regionales, y locales, diseñaron estrategias para obtener ingresos de las actividades beneficiadas con la minería, sin grabar la producción de plata ni la importación de insumos para ello. Aunque en la época de crisis la corona y las entidades tenían que agarrar de donde fuera. Estaban establecidos de la siguiente manera: Rey. Consejo Real de Indias. Audiencia Real, la primera en México, la segunda en Guadalajara. Virrey, quien presidía la Audiencia Real. Gobernadores. Intendencias, a partir de 1786 provincias (Provincias Internas de Oriente: Texas, Coahuila, Nuevo Reino de León, Nuevo Santander) (Provincias Int. De Occidente: Nueva Vizcaya, Sonora, Sinaloa, Nuevo México). Esto más las eclesiásticas.

Todo español podía explotar una mina registrándose y pagando al gobierno el quinto de su producción. Si el primer descubridor las abandonaba por tres meses, pasaban al poder del monarca, quien las daba en concesión de nuevo. Los conflictos se formaban al aparecer el antiguo dueño justificando el desamparo por falta de azogue, mano de obra, protección o equipo. La Audiencia Real se entretenía con estos pleitos.

El Rey concedía sesenta varas (50 metros) de la boca de la mina a los cuatro vientos, a partir de ahí, otros podían abrir socavones. La legislación para registrar una mina incluía: La parte proporcional al Rey. Registro y delimitación territorial. Forma de estacado. Prohibición de vagabundeos por la zona. Jornales. Manera de marcar el metal y pesarlo.

Antes de la Independencia existían unas 500 localidades mineras, con más de 3,000 minas, siendo las más importantes Guanajuato, Catorce, Zacatecas, del Monte, Bolaños, Sombrerete, Taxco, Batopilas, Zimapan, Fresnillo, Ramos y Parral. Sin contar el contrabando y lo que no se exportaba.

De fundición a azogue

Al descubrirse la amalgamación por medio del azogue, como se le conocía al mercurio, hizo que la plata de baja ley fuera atractiva, revolucionó en dos décadas la minería desde el norte de la Nueva España, hasta el Perú. Muy pronto la minería se hizo dependiente del mercurio que era de importación. Al descubrirse yacimientos de este mineral en el Perú, este virreinato se hizo más independiente que la Nueva España.

Para extraer un kilogramo de plata se requerían dos de mercurio. La Nueva España inundo al mundo con plata, y fue inundada de mercurio. Durante los cuatro siglos de explotación se trajeron cincuenta millones de kg de mercurio. Este mercurio permanece ahí, siendo un severo contaminante.

Los minerales eran llevados a uno de los galeones donde se hacía el proceso de obtener los metales libres de impureza. Por fundición o por azogue. Un ensayador verificaba la ley antes de beneficiarlos.

Fundición: Poner a calentar el mineral al fuego muy fuerte. El metal líquido pesa más que las impurezas y forma un arroyo hacia abajo, dejando la escoria en el recipiente.

Azogue: Inventado por Bartolomé de Medina, en Pachuca, poblada por españoles desde 1530. Tritura el mineral en seco con mazos o molinos, se adicionan salmos (agua con sal) hasta formar un lodo que se extiende en patios, se deja reposar, se le añade Magistral (sulfato y óxido de cobre) y se vuelve a triturar haciendo pasar caballos o mulas, ya bien revuelta se incorpora mercurio, se trillan en montones al pisar, nuevamente, el material lodoso, se lava la masa en tinas de agua, se exprime y se desazoga por destilación. El proceso dura tres meses. Al principio el pisado se hacía con gente, pero al ser muy lenta y afectar la salud de los indios, por el contacto con el mercurio, se cambió a bestias. Con el tiempo tenían que ser sacrificadas por la exposición al mercurio. Cada año morían cientos de mulas, caballos y burros por estar expuestos al mercurio. ¿Y cuántos seres humanos? Al final la plata separada se funde en lingotes para su transportación, ahorrando mucho combustible. Más adelante pudieron incorporar toneles de madera en el pisado de los lodos y evitar el contacto humano y animal, directamente con el mercurio.

Establecimiento del Nuevo Reino de León

Del norte llegaban a la capital del país, el mineral de plata y cobre para su refinamiento, cueros y sal. De regreso traían, además de los viajeros, equipo minero, alimento, ropa y calzado, artículos de limpieza, de salud, implementos agrícolas y la correspondencia.

En el noreste novohispano se adoptó el trabajo de partido, pagar parte del salario con el mineral obtenido, fue un elemento básico para el desarrollo de la minería regional, para atraer a los experimentados operarios que llegaban de otros centros mineros como Zacatecas y San Luis Potosí. Ellos arriesgaban su trabajo pero tenían la posibilidad de ganar más si encontraban una beta productiva. Esto más los indios asalariados y los forzados por las encomiendas, mantuvieron operando las minas no tan ricas en plata de la región.

Por las epidemias, los indios barbaros y por falta de familias, los asentamientos no se terminaban de poblar. Las comunidades indígenas prestaban solamente el 4% de los varones mayores de 18 años para las minas y obras públicas. El resto estaba destinado a la producción del auto consumo. Traer esclavos negros era muy costoso, dueños de minas y autoridades se hicieron de la vista gorda aumentando los niveles de explotación, siguiendo con la práctica de captura de grupos nómadas para su venta y explotación.

La Corona española fue insaciable con los metales preciosos de la Nueva España. Los yacimientos explotados se hacían insuficientes. España dio muchas facilidades, reduciendo impuestos, repartiendo encomiendas, militarizando la zona, proveyendo materias primas, llevando tlaxcaltecas y otomíes, fomentando el establecimiento de familias, haciéndose de la vista gorda en el cumplimiento de las leyes de indias. Franciscanos, Jesuitas, Presidios, Gobernadores, Encomenderos no pudieron formar pueblos mayores a mil habitantes en la zona septentrional. No lograban tener pueblos interconectados, agricultura, comercio, rutas. Las caravanas que venían del centro con víveres, viajeros y equipo minero, tardaban meses en llegar por caminos muy peligrosos entre indios hostiles, montañas, ríos y desiertos.

Desde mediados del siglo XVI se comenzó con la práctica de establecer fortificaciones, al estilo medieval, para permitir a las tropas un lugar seguro desde donde organizar la defensa de los constantes ataques de los naturales. Los presidios, no siempre contaron con el presupuesto virreinal, se iban moviendo de sitio conforme la frontera avanzaba o porque había que concentrar las municiones. Al principio contaban solamente con seis hombres y no siempre de experiencia o de escuela militar. En el siglo XVIII llegamos a tener presidios de hasta cien soldados. Adicional a ello, en los pueblos había vecinos enlistados a quienes se nombraba para engrosar las filas de la defensa cuando el enemigo así lo ameritaba.

Se trajeron tlaxcaltecas, mexicas, y otomíes para vivir junto a los nomadas y ubicarlos en pueblos. Se formaron misiones y congregas con la intención de juntarlos. Los mineros contrataban indios con un pobre salario más el partido (si se quedaban trabajando más tiempo se les pagaba con parte de lo que sacaran), se les daba alimento, habitación y conversión.

A mediados del siglo XVII, el basto Nuevo Reino de León, solamente tenía cinco alcaldías mayores, siete misiones y dos Reales de Minas: Salinas (Salinas Victoria) y San Gregorio (Cerralvo). El pago en especie o partido movilizó a mineros con experiencia del centro, quienes buscaban incrementar sus ingresos. En los siglos XVII y XVIII la prioridad de la Corona, el Virrey y los Conquistadores era mover la frontera norte. La Corona buscando más metales de ley, el Virrey queriéndole ganar la carrera a los franceses e ingleses, el conquistador buscando pacificar la zona, ya estaban sobre la extensa llanura de Texas y buscaban llegar hasta el rio Mississippi.

En el cerro de Camahajan en 1668, en el puesto de los Muertos, entre Monterrey y Saltillo en 1672, y más tarde en Rio Blanco cerca de San Luis Potosí, sacaron mineral, se crearon grandes expectativas, pero no llegaban a prosperar. En 1688 se dio un gran paso con la fundación de la Villa y Real de Minas de San Pedro Boca de Leones (Villaldama). Además de las expectativas mineras, llegó a ser la más grande productora de plata de la región, lograban adelantar la frontera hacia el norte y atrajeron trabajadores indios y blancos.

En 1693, Ignacio de Maya, vecino de Saltillo, fundó y pobló el mineral de Santiago de las Sabinas, hoy Sabinas Hidalgo, cerca de Boca de Leones, con familias de Candela. El Nuevo Reino de Leona se fue poblando de gente de trabajo e iniciativa que fue combinando las labores de minaría con la agricultura, ganadería, comercio y artesanías.

El madrileño Juan de Espindola estableció un tren de carretas que traía chocolate, prendas de La China, esclavos e implementos mineros. Así como él entraban varios comerciantes y se comenzó a establecer ruta y correo.

Era tanta la inseguridad por los ataques de los indios que durante 1667 y 1668 era casi imposible transitar el camino de Monterrey a Saltillo, y en 1674 el gobernador Nicolás de Azcarrago prohibió el tránsito a Rio Blanco. Ya en 1757 surgió el real de minas de San Antonio de la Iguana y en 1766 el de San Carlos de Vallecillo.

San Antonio de la Iguana

El mayor acontecimiento minero de la zona fue el descubrimiento, en 1557, de las minas de San Antonio de la Iguana, haciendo que la Punta de Lampazos pasara de ser un punto estratégico militar a ser la promesa de bonanza de la época. El pastor Felipe de Jasso, mulato, nativo del Real de Minas de Santiago de las Sabinas, andando en la sierra de la Iguana, hizo lumbre para cenar y noto que las piedras que puso para detener el trasto se derruían haciendo que el trasto se ladeara. Al día siguiente le llevo al señor cura varias de esas piedras que recogió del arroyo, encontrando que era plata nativa. Alguna tempestad debió haber deslavado parte del lomerío precipitando algunos de los metales al rio.

El mineral se encontraba a 40 kilómetros al sureste de Lampazos fue tan impactante su producción que, desde 1662, los gobiernos se mudaran ahí. Fue considerado uno de los productores más ricos de plata en el mundo. La mina La Voladora, la principal de este Real, tuvo varias bonanzas, hasta que, en 1808, al parecer sufrió un hundimiento que sepulto a todo el personal, sin que pudieran ser rescatados, cerrando definitivamente las actividades, hasta ahora. Existen las ruinas de los caseríos y se puede penetrar en algunos laberintos, que en tiempos de bonanza eran como hormigueros.

Antes del descubrimiento de la Iguana, el Nuevo Reino de León vivió una época lamentable. Gobiernos excesivos encrudecieron la guerra contra los barbaros aunado al despoblado por la creación del Nuevo Santander, cediendo el territorio de la costa del Nuevo Reino de León para concentrar pobladores y soldados, buscando el flujo de hombres y mercancía por esa zona, pero desviando los recursos de tierra adentro.

Los mineros trabajaban toda la semana hasta al sábado al medio día, permitiéndoles lavar la ropa y bañarse el sábado en la tarde y los domingos no se trabajaba. La limosna de los propietarios de las minas consistía en ceder la producción del sábado para la construcción del templo. La Iglesia de San Antonio de la Iguana fue dos veces destruida por asaltos de indios, reconstruyéndose nuevamente con el mismo donativo. La Iglesia de Sabinas, quizás la de Lampazos y una en Saltillo, salieron del mismo propósito.

Al lugar antes despoblado llegaron primero 1,500 gentes y pronto fueron más de 3,000. Al principio el mineral estaba a  flor de tierra, pero luego hubo que adentrarse en labores de excavación. Sacaban hasta 30 cargas diarias.

San Carlos del Vallecillo

En las lomas del Vallecillo en 1766 se descubrió plomo y plata de buena ley en tierras de Jose Salvador Lozano, vecino de Monterrey. Una simple ranchería con más pobreza que riqueza se convirtió de un día para otro en un centro minero. El Real de Minas de San Carlos del Vallecillo estaba a siete leguas del Real de Sabinas, a catorce del Real de Boca de Leones y a una legua del ojo de agua de Vallecillo.

El hallazgo atrajo mucha gente de San Luis Potosí, Durango y Zacatecas. Se edificaron misiones franciscanas, familias enteras se establecieron en el lugar. Los antiguos pobladores no mejoraron mucho, aparecieron nuevos salteadores de caminos, ataques de indios, vicio y corrupción. Los indios y salteadores atacaban y se perdían en el monte, donde se organizaban. Había pocas familias de españoles, la mayoría era indígena en condiciones deplorables y de explotación.

En el año de 1791 miles de apaches prácticamente barrieron con los pueblos de Punta de Lampazos, San Carlos del Vallecillo y rancherías cercanas, en una terrible y violenta incursión de estos indios barbaros. Mataban cruelmente a los hombres, secuestraban niños y mujeres. Lampazos por mucho tiempo fue la frontera ante las naciones nómadas de indios guerreros que vagaban por los montes no poblados por occidentales entre el rio Salado y el Bravo.

Las sociedades y economías de estos pueblos fueron muy distintas a las del centro del país. Se tenían que cuidar y subsistir solos. Frailes, soldados, capataces, tlaxcaltecas, aventureros, e indios convertidos, defendían a diario su forma de vida. En la Tierra de Guerra Viva se trataba de subsistencia. Ataques, robos, esclavitud, reducciones, fueron practicas comunes hasta su exterminio a mediados del siglo XVIII. Todavía en ese siglo muchos hombres murieron defendiendo a sus familias y propiedades.

Conclusión

Desde 1577 en que se fundó Saltillo, hasta 1855 en que Vidaurri logro la pacificación de la zona, la minería jugo un papel importante para la atracción de gente en la zona, pero ni la minería, ni la religión, ni el ejército, ni la agricultura, ni la ganadería, sino el comercio fue lo que le vino a dar la estabilidad y liderazgo a esta zona. Y en realidad fueron las personas que fueron llegando, desde sus inicios, a esta bendita tierra. Gente que vino para quedarse. “No venían a ver si podían, sino a ver como sí podían”.

Bibliografía

Cossío, David. Historia de Nuevo León

Del Hoyo, Eugenio. Historia del Nuevo Reino de León

 

El pueblo Otomí en la historia http://www.redindigena.net/conao/pueblohistoria.html

Treviño, Mario. Minería Colonial, Nuevo Reino de León siglo XVIII. Uanl 2001 Cebiche de Delfín

Von Humboldt, Alexander. Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España. Libro cuarto, capitulo undécimo.

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