Como dijo Mamibeba: “Pobre del que no llegó a viejo”.
Llegar a viejo, tener un viejo, es una bendición. Hay que aquilatarla procurándoles una vida digna y dándoles atención.
Por más cambios tecnológicos, ellos saben más que nosotros. No sabrán dar de alta una aplicación en el teléfono, pero sabrán de enfrentarse a la vida, de hacerse camino para hacerse fregones, darle importancia a lo importante. ¿Qué vale más?
Yo soy el responsable de mí.
